El murmullo de las hojas. El despertar de Ofir.









pretó más fuerte contra su boca, sintiendo, lleno de lujuria y ansia, el gorgoteo de la sangre bajar por su garganta, recorrer ferviente sus venas abriéndose paso por dentro de su estrechez plisada por el tiempo. Había despertado, vuelto; esta vez para quedarse.
Miró los ojos, ahora vacios de su víctima, sin remordimiento alguno. Volvió a morder y succionar, y una vez satisfecho desprendió brutalmente sus dientes desgarrando un pedazo de cuello, músculo y piel, que masticó y engulló lascivo.
5.000 años de condena no eran suficientes para amedrentar su ira, su ánimo de venganza y sus deseos de destrucción. El usurpador de su trono tenía los días contados.
Agarró con fuerza allí donde debía estar su corazón, hueco oscuro, aquél que fue destrozado por el arma más mortal y dañina: el amor, aquél que le causó más humillaciones, desprecios, desafíos, y que cumplió el trabajo de mil ejércitos con un solo gesto.
Él, glorioso, odiado, temido, elogiado y venerando, había sucumbido ante las artimañas de una mujer, un amor impío que le robó las fuerzas, la consciencia y con ello el norte para guiar a los suyos.
Observó su reflejo en el tapacubos de la rueda del maserati y araño porque si, con sus afiladas uñas, la impoluta carrocería hasta agujerearla por completo. Su desnudez no le causaba ningún pudor, pero arremolinó el aire vertiginosamente sobre sí acaparando partículas, y entre furtivos destellos, creó con ellas una vestimenta nada usual. Un pañuelo de seda roja enjugó sus labios y unas opacas gafas negras ocultó tras ellas sus ardientes ojos purpura. Trenzó sus largos y cobrizos cabellos sujetándolos con el pañuelo, y una vez sujetos los seccionó cerca de la raíz; eliminado presto el recuerdo de su infantil vanidad…
Llegó a un camposanto, y reconstruyó cinco vasallos con los miembros de veinticinco cadáveres. Tras colocar en los huecos de sus ojos una gota de su propia sangre les dio vida. Recompuestos a pedazos ajenos entre sí no recordarían quienes eran, su condición, vicios ni creencias, obteniendo así los sirvientes perfectos, sumisos, obedientes y despiadados como él. Un pequeño ejército movido por una misma voluntad.
No quería levantar sospechas por ello restauró las tumbas dejándolo tal como se encontraba antes de su paso.
Pero necesitaba más, el mundo había cambiado físicamente desde su destierro, más afortunadamente el corazón del hombre seguía siendo igual de corrupto. Y él lo conocía bien.
Durante días y noches observó a la humanidad. De noche recorriendo como una oscura sombra las calles. De día pervirtiendo la mente de los incautos, manipulándolos desde una distancia cautelosa y reservada.
A pesar de cubrir cada uno de sus pasos, la necesidad de alimentarse cada vez era mayor y apremiante, sus sirvientes todavía no eran independientes y con frecuencia debían de alimentarse de él para no pudrirse y caer en pedazos en medio de la multitud. Una víctima diaria ya no era suficiente y la idea de recurrir a otro especie de ganado le repugnaba, no obstante era la única forma de crecer sin ser descubierto.
Ofir así se hacía llamar, busco un paraje discreto sin nada destacable donde criar piaras y montar su propio matadero. Hayo al sur de Sajonia el lugar recóndito para su refugio donde urdiría la trama más retorcida para su venganza. Un lugar donde poder recluirse en sí mismo y hurgar en su pasado, un pasado que le llevaría hasta la hueste que provocó su derrota. Hasta ahora le había sido imposible, la ira se apoderaba de él cada vez que lo intentaba llevándolo a un frenesí devastador sediento de sangre. Sin la voluntad y el autocontrol suficiente se convertiría en una bestia irracional, poderosa ¡Sí!, destructiva ¡sí! Aniquiladora, pero fuera de control solo sería un animal más.
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“…Estaba escrito y daban por hecho de que los vampiros no pueden pisar tierra sagrada. Que todo aquello bendecido y relacionado con Jesucristo ayudaba a su extinción. Pero, ¿Qué sucede cuando un vampiro pierde el respeto y la creencia en el poder de lo sagrado tal y como lo conocía, lo concebía, porque ya no existe? No cree en el poder de ningún Dios porque no lo ha vivido, porque el único Dios que conocía era él mismo porque así lo proclamaron. ¿Quién lo detiene? ¿Con un cuerpo que se reconstruye a sí mismo? ¿Una mente arrasadora capaz de manipular su entorno a su antojo?... “

Alejandro devoraba las notas de su madre halladas en el polvoriento escritorio del desván. Por más que leía no terminaba de imaginarse a su madre con esas inquietudes. ¿Por qué nunca le había hablado de ello?: De sus extensos estudios y evaluaciones sobre vampiros y fenómenos anómalos. ¿De qué quería protegerlo, o, acaso se sentía ridícula por aficionarse a estos temas? Desgraciadamente ya no existía el modo de preguntárselo.
Cerró la carpeta de golpe levantando una efímera pero molesta cortina de polvo provocándole estornudos. Revolvió entre los documento por si encontraba otra sorpresa interesante y, cuando sujetaba una pequeña bolsa áspera como el esparto se sobresalto por el pitido de la alarma en su reloj de pulsera que le indicaba la hora de su medicación. Bártulos bajo el brazo corrió hacia la resbaladiza escalinata con poca precaución aterrizando de una forma atropellada sobre el parqué, perdiendo por el golpe el conocimiento.
-¡Hijo levanta! El suelo está frio y no es bueno para tu salud.-Alejandro se levantó y fue a sentarse junto a la mujer en el pequeño arcón de la ventana donde los rayos del sol se filtraban cálidamente.
-¿Madre eres tú? Casi no te reconozco…Pero, ¿no estás muerta?
-No para ti Alejandro. Veo que llevas mi carpeta, era el momento para que comprendieras.- La dulce voz le cautivaba poseyéndolo en una confusión total.
-Pero yo, te enterré.-susurró sin apartar sus ojos de los de su madre.- ¿Qué hay de cierto en estos papeles?-abrió la carpeta y separó las hojas.
-Me temo que todo…Alejandro. ¡Alejandro! ¿Te encuentras bien?
Sintió unos zarandeos y la suavidad de una palma retirando sus cabellos del rostro.
-¡Mamá!
-No Alejandro, soy Marta…tu tía. Oí un golpe y corrí en tu busca. Vamos a que te vea un médico.
-¡Solo soñaba!...Estoy bien. -dijo agarrándose al brazo extendido de Marta.- Tía, ¿tú sabes si mi madre pertenecía a un grupo…de…parapsicólogos o similar?
Marta respiro profundo y silenció unos segundos avanzando por el pasillo antes de contestar.-Tu madre, era encantadora, poseía un don extraordinario para la gente, todo el mundo le lloraba sus penas, pero era la mujer más reservada que he conocido. Si te digo que no, te mentiría, si te digo que si, igual, pues no tengo ni la más remota idea.-suspiró.-De pequeña contó alguna vez, que oía y veía cosas, pero nadie le echo mucha cuenta, por lo de la imaginación de los niños.
-¿Y tú qué crees?-La detuvo antes de bajar a la siguiente planta para plantarse frente ella y mirar su reacción.
-Ángela, podía ser muchas cosas pero no mentirosa. Y ahora vamos termina de recoger y márchate a casa, que mañana será otro día.
En el umbral de la puerta Alejandro se volvió hacia su tía y exclamó:
-¡¿Qué raro?!
-¡Raro! ¿Él qué?
-Que no me preguntases porqué te lo he preguntado, porqué me intereso por ese tema que jamás se había mencionado.
-Que puedo decirte...-ladeó la vista en signo de ocultar algo.- De tu madre no me extrañaría, ella siempre fue muy enigmática…
Camino a casa se sintió extraño, una inquietud le minaba paulatinamente, no dejaba de pensar en las notas de su madre, en lo siniestro y oculto de sus palabras y si aquello solo fue un sueño. El recordatorio de la alarma le sacó de sus pensamientos, ésta seguiría sonando cada quince minutos hasta que la parase, cosa que hacía después de ingerirse la pastilla. Extrajo del bolsillo de su abrigo una cajita de plástico azul, deslizo su tapa y cogió una píldora para llevarla debajo de la lengua.
Todo sucedió tan rápido, nunca conoció a su padre y la muerte tan repentina y accidental de su madre… ¿Lo superaría? Se preguntaba constantemente.
De repente un silencio lo abarcó todo, ni carrera de los automóviles, ni pasos, ni conversaciones, todo enmudeció a su alrededor como si el tiempo se detuviese; ni un alma en lo más cercano.
Solo, en medio de la acera quedó como hipnotizado, las copa de los arboles cercanos cobraron movimiento provocando un susurro al roce y crepitar de sus hojas, éstas al mecerse parecieron pronunciar su nombre y una aureola minúscula fue dilatándose antes sus ojos hasta tomar la forma de un ser humano.
Tembló, sentía aterrorizado como algo se desplegaba en su interior ocupándole por dentro como si buscase precipitadamente una salida y echó a correr despavorido.
Tras cerrar la puerta de su casa rezó, se arrodillo en el suelo e imploró a pesar de no ser creyente; jamás había pasado tanto miedo. Aún percibía en sus oídos el murmullo de las hojas recitando su nombre y esa luz cobrando vida. Pero las sensaciones seguían bombardeándole, la imagen de su tía se reveló en su mente y su cuerpo se estremeció cómo cuando tienes un mal presentimiento. Se incorporó a duras penas con unas nauseas que le encogían el estomago y se dirigió a teléfono para llamarla, es cuando pudo ver el parpadeo, un mensajes de voz. Levantó el auricular con nerviosismo y apretó el botón mientras se lo llevaba al a oreja:
-Alejandro mañana ven todo lo pronto que puedas a casa, tenemos que hablar, un beso, descansa; hasta mañana.
El tono de su tía sonó misterioso. ¿Desesperaría esperando hasta mañana? Miró la hora, se dirigió a la cocina a por un vaso de agua mientras pensaba si tomar de nuevo el rumbo hacia casa de su tía.
Nada más echar la tercera vuelta de la llave la sirena de un coche de la policía irrumpió pasando a toda velocidad por delante. Los siguió con la vista comprobando que doblaban en la dirección que se disponía tomar. No le quiso da mayor importancia, de lo sucedido se enteraría seguro mañana y ahora tenía tantas preguntas rondándole por la cabeza. Se alzó el cuello del abrigo y emprendió el paso…
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Carne, ¡¡la odio!! ¡Odio su sabor su olor!, su textura esa esponjosidad en la boca es asquerosa. La odio pero tengo que comerla, la odio porque me recuerda quien soy, lo que soy... ¡Quiero dejar de existir!...


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-Splu ha recogido ciertas anomalías ambientales en distintos puntos muy concretos y todos señalan hacia la misma dirección. Todas dejaron la misma impresión astral, muy difícil de identificar hasta el momento, nos ha vuelto locos hasta hallar su curva, ya que jamás habíamos interceptado nada parecido; no tenemos con que compararlo. También Roxa avisó de movimientos inusuales en inversión, empresas fantasmas, de una forma muy repentina, al tiempo que se mostraban estas anomalías que te menciono, creo que están relacionadas entre sí-.Gabriel daba cuenta de los datos recogidos sobre este nuevo caso a Germán en un urgente encuentro.
A Germán no le gustaba nada estas citas improvisadas, sin tener todo bajo control, pero la gravedad de estos datos recopilados por la hermandad no le había dejado más opción. No
comentaría nada hasta no saber todo los detalles inclusive hasta no haber meditado sobre ello.
-Bien, si eso es todo Gabriel, pronto nos pondremos en contacto-.Subió a su Yamaha y tras colocarse el casco arrancó sin dilación dejando que el rugido del motor surgiera por encima del mundanal ruido nocturno. Gabriel quedó meditabunda mirando flotar cual bandera los laterales de su gabardina gris
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El paso del camión de bomberos eclipsó por completo los pensamientos de Alejandro. Uno tras otro pasaron como una exhalación a pique de colisionar con un automovilista imprudente. Una explosión hizo retumbar los cristales de los edificios y que algunas alarmas de coches se dispararan. Se apoyó en un árbol para coger aire. La imagen de su tía pidiendo auxilio se cruzó por su mente y echo a correr con todas sus fuerzas con la certeza de que se encontraba en peligro.
Cuando llegó al vecindario los bomberos tenían acordonado el paso y no le dejaron avanzar a pesar de sus gritos y explicaciones. Se encaramó por una furgoneta hasta alcanzar el techo, y allí de pie fue testigo del pasto de las llamas que consumían, sin tregua para los bomberos, la casa de su tía. Saltó de coche en coche hasta llegar dos casas antes de donde se seguía propagando el fuego. Todos estaban demasiado preocupados por extinguirlo como para caer en su presencia. Por más que quiso ya nada se podía hacer no quedaba ni los cimientos. El fuego se había comportado extraordinariamente voraz; un armazón derruido y negruzco era lo único que asomaba de entre la nube de humo.
El policía Mendoza, el que había investigado el accidente de su madre lo reconoció y salió a su paso para calmarle e interrogarle.
Le explico que hacía una hora, poco más, había estado con su tía recogiendo pertenecías de su madre y que volvía de nuevo a verla por un mensaje dejado en el contestador. No le supo precisar si se encontraba dentro de la casa cuando esta prendió y estalló, pero parecía lo más evidente.
Alejandro se sentó en el borde de la cera con la cabeza entre sus piernas sumido en una angustia silenciosa en medio del ajetreo de los bomberos y la muchedumbre.

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La Yamaha de Germán derrapó estrepitosamente evitando la colisión con el coche de bomberos, Su rodilla izquierda tocó el asfalto raspando el grueso cuero de su pantalón. Un fallo así era imperdonable, no era un novato con una pijada nueva, quince años de carretera lo avalaban, pero no había sido un descuido, algo se manifestaba en el ambiente que lo había descentrado por completo y una vez más sus agudos reflejos le salvaron la vida.
El azabache en forma de flecha que llevaba al cuello se calentaba y tiraba del en dirección opuesta siguiendo al camión. Dio un rodeo a la manzana buscando otro camino más accesible. Le costaba pensar, se sentía perturbaddo por eso que maleaba el ambiente, e incapaz de poner en acción sus dotes psíquicas. Reflexionaba sobre las declaraciones y preocupaciones de Gabriel e intuyó que este incendio también estaba relacionado de algún modo. Cuatro minutos más tarde aparcaba la moto en un callejón dos manzanas arriba de dónde sofocaban el incendio.
Tras quitar el casco y los guantes espolvoreó en el aire polvo de Alcaravea, estos se quedaron quietos flotando a la espera de que los utilizase. Se impregno de ellos al introducirse en la translucida cortina que formaron y aspiró profundamente para que estos también se introdujese por dentro de su cuerpo. Los ojos de Germán tomaron un cariz distinto casi inhumado, unos ojos que ahora veían sin dificultad más allá de la densa materia que percibiría un simple humano. Caminó con paso ligero tomando mentalmente detalle de cuanto rodeaba a la escena del incidente, memorizando edificios, calles, nombres, rostros… No tardó en ver al policía interrogando a un joven, nada especial, si no fuese porque las hojas de los arboles rumorearon un nombre y se retorcieron hasta apunta en su dirección. Fue entonces cuando Germán al agudizar más sus sentidos, percibió una ínfima neblina que recubría la parte central del tronco de aquel joven. Acostumbrado a ver auras contantemnte supo de inmediato que aquello no se trataba de la suya. Sacó el monocular y le realizó varias fotografías, seguido marcó un número y las envió para su análisis e identificación; aunque él ya sabía perfectamente de que se trataba.

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No quiero volver hacerlo, me niego a obedecer, no soy un animal…

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Mendoza se ofreció a llevar a Alejandro a casa, nada podía hacer allí salvo torturarse ante tal devastación. En el coche y tras las preguntas insistentes del joven tuvo que admitir que el incendio tenía todos los indicios de haber sido provocados.
Su madre, ahora su tía, quedaba solo en el mundo, sin más familia ni apego a esta vida, y ambas muertas en tan extrañas circunstancias
Entres lágrimas y sollozos que le hicieron sentirse desprotegido como en plena niñez, se quedó dormido con una cantidad apabullante de preguntas sin respuestas a las que se juró llegar hasta el conocimiento ellas pasara lo que pasara, aunque por ello fuese el tercero de una lista.
Permaneció todo el día en la cama sin hablar con nadie, sin atender el teléfono ni el timbre de la puerta, no comió ni bebió y tampoco cumplió con las tomas de la medicación. Día pasó igual que noche, bocarriba con los ojos cerrados, a veces tenía la impresión de que se salía de su cuerpo y entonces aferraba sus manos a las costuras del colchón. Fue capaz de evadirse del mundanal ruido, de sus pensamientos, del sonido de su respiración y del bombeo del corazón. Estando en ese estado latente en medio de la oscuridad de su mente el rostro de su madre comenzó a recrearse con el murmullo del vaivén de las hojas de fondo. Lo dejo fluir, como el que está acostumbrado a oír llover y ya no le llama la intención el goteo del agua. Cuando el rostro de su madre se completó con un reflejo dorado como el de los rayos del sol iluminado una cara habló:
-Hijo. No tengo tiempo, tu rechazo es tan inmenso que agotas mis esfuerzos para comunicarme. No puedo pronunciar palabras que otros entiendas. Por eso atiende las imágenes que te trasmito y comprende. Te quiero.
Unas tras otras secuencias de su niñez fueron desfilando ante sus ojos internos, entre ellas algunas tomaban un color más cálido que al unirlas indicaban un lugar concreto. Otras como las de sus cumpleaños marcaron números que identifico como horas y día. Trascurrido unos minutos su mente volvió a la oscuridad pero Alejandro ya tenía su mensaje.
No tuvo ninguna duda de que la comunicación fue real y actuó en consecuencia. Primero fue hasta la parada del autobús subiéndose al primero que llegó sin importarle el destino del mismo. Bajó y buscó un taxi que le llevase a la estación del tren. Compro un billete que le llevaría a otro país, pero después de subirse bajo por otra puerta seguido, alquiló un coche que le llevase a su verdadero destino. Tan trabajoso despistar fue estresante pero dio sus frutos, pues el motorista y sus acólitos le perdieron la pista…
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Germán fue informado la vidente visionó el devenir en sus sueños. La destrucción y el caos despertaban de las manos del demonio más sanguinario que había resucitado en milenios. Y ellos solos no bastarían para parar detener sus tinieblas.
Ninguno de la hermandad creía en la casualidad pruebas tenían de sobra junto a la de conocerse de las formas más inverosímiles hasta formar el grupo. Sus reglas eran muy estrictas hasta el punto de erradicar entre sus propios miembros si esto fuese necesario.
Lamentaron perder la pista del joven, no veían prudente desplegar sus dotes, y con ellos delatarse, hasta el momento preciso, pero el tiempo apremiaba y Germán decidió que esta vez sería él quien los guiaría.
Con la fotografía del joven entre sus manos cerró los ojos, Roxa sacudió sobre ellas con una rama de laurel impregnadas en aceite de mirra, las manos emitieron una luminiscencia que Germán proyectó sobre un cuervo, el pájaro y gritó se sacudió con violencia para seguido quedar en silencio; en ese mismo instante sus mentes se fusionaron. El cuervo voló envuelto en una bruma incandescente solo visible para el grupo. Y los motores rugieron dirección oeste.

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Se encontraba cerca, detuvo el coche al ver a lo lejos la fachada sombría de la vieja biblioteca.
-¡No de un paso más!-.Una siniestra joven le salió al paso deteniéndolo con gesto amenazante. Alejandro intentó imaginarse la parte del rostro que cubría sus cabellos. Siguió avanzando.- ¡He dicho que te detengas o tendré que devorarte!- La empujó pero esta se aferró a su antebrazo proporcionándole un dolor insoportable.- ¡Márchate! Ella ya está condenada.
-¡Déjame pasar! Tengo que ver a mi madre.- intentó zafarse.
-¡No quiero comerte!, oído la carne, ¡pero estoy obligada!…¡¡no puedo contenerme!!-. Sus mandíbulas se abrieron hasta rasgar las comisuras de su boca dejando sobresalir unas fauces descomunales. Un látigo se enroscó vertiginosamente en su cintura en el justo instante que proporcionaba la dentellada saltando por los aires con medio antebrazo entre los dientes .Alejandro no gritó cayó de rodillas apretando el brazo contra su pecho.
-Levántate chico esto lo terminaremos juntos.
-Matadme. No quiero existir.-algo parecido a lágrimas negras rodó por sus corrompidas mejillas.
-Antes di, ¿Cuántos sois?..¡Habla!- preguntó Gabriel.
-Con la mujer seis, a los alrededores unos cien y él está a punto de llegar. Atravesadme los ojos, es mi vínculo.
-Gabriel déjala ciega pero no la mates, puede servirnos. Desplegaos. Nosotros tres vamos con el chico. ¿Lo notáis? ¡¡Sí!!
Alejandro envolvió su brazo con la cazadora y se dirigió hacia la biblioteca. El hedor a muerte era penetrante y nauseabundo acompañado de una tupida oscuridad, parecía hasta palpable rota solo por los haces de las linternas. Se escucharon unos ruidos obscenos cerca del mostrador, lamidos y chasquidos babosos.
Cinco individuos rodeaban a alguien, arrodillados sosteniendo cada uno un miembro entres sus manos que mordisqueaban y lamia como si de una tarta se tratase. Tan absortos estaban que no los oyeron llegar ni colocar las ballestas en sus coronillas. Sin darles tiempo a reaccionar apretaron sendas veces hasta acabar con ellos y apartarlos del cuerpo que andaban devorando.
Alejandro exclamó horrorizado al descubrir a su tía desmembrada. Los cuerpos de los cinco individuos voltearon el aire saltando sobre sus espadas, las bocas babeantes y pútridas buscaba sus cuellos. La siniestra joven gritó: ¡los ojos!, a la vez que se tiraba a por el sexto que se ocultaba entre las sobras. Mientras se debatían en una encarnizada lucha el espíritu de Marta desdobló sobre su cuerpo y agarró a Alejandro:
-¡Atiende! Debes dejarte llevar para acabar con él, no hay otra forma; sucumbe al murmullo de las hojas...somos nosotros. Durante cinco mil años renunciamos a proseguir tras la muerte, aguardando el momento de unirnos en una sola alma y poseer a la vasija para aniquilarle definitivamente. Calma tu mente, ahora tendrás respuestas: Nuestra civilización viene de 20.000 años atrás, de entre nosotros elegíamos a uno que proclamábamos nuestro Dios…con la fuerza de todos nosotros. Nos vinculábamos por medio de la sangre que bebía en un ritual, la sangre de todos. ¡Entiendes!...Le dábamos parte de nuestra existencia, lealtad absoluta y la capacidad de vivir durante mil años reinando. Trascurrido este tiempo se dejaba morir voluntariamente pero todos los del vínculo moríamos también. Cuando lo elegimos llevó a nuestro pueblo a la sublimación por encima de los otros dos pueblos...Más tarde sucumbió, su tiranía oscureció nuestra gloria y nos llevó a la esclavitud la depravación y la condena. Ya había transcurrido 2.000 años y seguía en el trono, no moríamos y condenaba a las nuevas generaciones a servirle haciéndose invencible. ¡Mírame! Lo acallamos, pero no pudimos matarlo. Aunque nosotros comenzamos a morir porque los lazos eran más débiles. No sabemos cómo ha despertado, pero notamos su presencia…ya está actuando...
Desde entonces cada 25 años creábamos vasijas, ¡tú! y otros como tú. A la que poder poseer uniendo nuestras almas en una sola para derrotarle. Ángela se unió a nosotros en medio de su búsqueda… te criamos como si fuese nuestro hijo, lo eres y estás aquí para salvarnos y darnos descansos. Si no, será la destrucción del mundo. Aún quedamos algunos vivos, sentirás la llamada, estás preparado; pero él no acabará hasta aniquilarnos a todos, somos su única amenaza, si él nos mata devorará nuestra alma haciéndose más fuerte. Ahora debes huir… ¡Lo aceptarás es tu destino!
La hermandad protegía a Alejandro, pero sentían su poderosa presencia aproximándose.
-Vamos chico, éste no es el lugar ni el momento. Tendrás tu venganza.- Aseguró Germán mientras le ofrecía su brazo.

10 comentarios:

Luxuria dijo...

Hola

He llegado a tu blog por un comentario que dejaste en el mío y leyendo tu blog resulta que escribes muy bien!! Me gusta u historia porque se sale de las novelas románticas vampíricas de las que ahora tanto abundan.

Agrego tu banner a mis afiliados, si no te importa.

Saludos

Luxuria dijo...

Max, tienes un premio. Pásate por mi blog;)

***LiLiTh*** dijo...

wow!

es tuyo?

esta increible!

Anabel Botella dijo...

Es muy bueno el relato y escribes como los con mucho estilo. Sabes llegar más allá.
Saludos desde La ventana de los sueños, blog literario.

Silvia dijo...

Me gustó tu relato... ahora me doy un paseillo por tus anteriores relatos.
Gracias por darte a conocer en mi blog.

Toxicmen dijo...

la verdad... no he leido el relato... pero si pienso hacerlo cuando tenga algo de tiempo xD...
y en fin..
vengo por el comentario que has hecho en mi blog,
no me molesto ni nada.. al contrario muchas gracias por ver mis errores... asi en mis futuros relatos ire mejorando casa ves mas y mas...

saludos infernales...
que la oscuridad te acompañe...

Max dijo...

Primero quería aclararte que yo no veo que cometas errores, ¿quién soy yo para corregirte si cometo más fallos que una escopeta de feria? Solo pretendo “guiarte” sobre lo que he leído.
El esfuerzo de cualquiera ya de por sí merece mis respetos. ;)
Espero que no te agobies por ello, piensa que en las editoriales tiene personas que se encargan de corregir las obras, y aún así encuentras infinidad de erratas. Nos sucede a todos, con la práctica vamos atenuándolas.
Nos suele pasar también con los verbos, con lo rico que es nuestro vocabulario, solemos empeñarnos en utilizar el mismo, pudiendo variar y dar un sentido más apropiado.
Ayer mismo mientras “pegaba” el texto de: “Reto Diabólico” en la entrada, me di cuenta que me faltaban acentos; y si sigo repasando seguro que lo tengo que reescribir; menos mal que lo presenté como borrador. ¡jajajaja!
La historia de “La chica del vestido negro”, está muy bien, y a pesar de las erratas la lectura se entiende. ;)

***LiLiTh*** dijo...

hola!!!

pasa x mi blog!!

tienes premios =)

Angi dijo...

wooo! me encanta de verdad!!!!
escribes genial!
un beso enorme!
Angi

El Bosque Olvidado dijo...

Me gusta cómo escribes!
Muy bien llevado el hilo del argumento
Doña Guiomar

NO OLVIDES


NO AL ABUSO DE MENORES
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NO AL MALTRATO
NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
NO
AL RACISMO
NO A LA DESIGUALDAD
NO A LA GUERRA