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MENTE CORROMPIDA (2)


olvemos a ser Una.

Mente y Alma nos hemos unido de nuevo. Más, le siento rota, apaleada, más magullada que su escarnecido cuerpo. Acecha el peligro de perderse consumida por la ira.
Las heridas de la carne se curan pero la de la Mente; éstas no sanan hasta que nos fundimos definitivamente, y en la liberación nos desconchamos, pulverizando en cada capa los sufrimientos que nos enclaustraron, “soltamos lastre”, y al no sentir las barreras entre nosotras nos adentramos en la completa comprensión y aceptación de nuestra existencia, unidad; es el camino tras la muerte. Transmutación.

Pero, hay veces, en que la Mente herida oscurece fortaleciéndose y anulando la misión del Alma: la búsqueda de equilibrio, toma el relevo, el mando, entonces el cuerpo, como un tronco a la deriva, es preso de su completa voluntad. Domina sin cuestionarse moralidad; solo la que entiende como justa.

Y nacen villanos

En estos precisos momentos temo que se produzca éste incontrolable y devastador resultado, que la Mente que tanto ha sido reprimida y castigada se revele sedienta de venganza y ya nada pueda hacer para equilibrar la balanza.

Le siento forcejear, removerse cual lagartija que le cortasen el rabo, hierve como la fiebre que anuncia la Peste, se pervierte, se corrompe, y me repudia recluyéndome en el último suspiro humano.
La Mente corrompida pierde cualquier atisbo de misericordia, mata al Alma, a mí. Renace caníbal dispuesta a saciar sus oscuras necesidades…
Me siento como mariposa atrapada entre afilados alfileres, si me muevo lo más mínimo se desgarra mis alas se desmiembra mi cuerpo.
Estoy viendo, ¡sintiendo, nacer el villano y morir la inocencia!
Hoy nace un vampiro psíquico consecuencia del desaliento.


Ateneros a las consecuencias.

DESTERRANDO EL ALMA (1)


reí que estaba muerta, tan inmóvil sentada en el borde al pié de la cama.
Creí que estaba muerta, los ojos abiertos con la mirada perdida, vidriosos y las pupilas dilatadas. No se movía ni en mi presencia, ¿no respiraba?, me fijé en el inexistente movimiento de su pecho, era incapaz de identificar las constantes vitales, ¡no pestañeaba!, y, yo, no me atrevía a tocarla.
Un mechón de sus cabellos al lado en el suelo, los arañazos en el cuello y los moratones en su cara era los testigos certeros de la brutal paliza sufrida.
¿Esta vez que la habría originado y justificado? : negarse a trabajar 19 horas y media al día, pasar una hora fuera de casa después tan larga jornada, por revelarse para ser tratada como persona y no como un animal…por defender a sus hermanos menores de la cruel tiranía… o era, una vez más, la forma más hábil de desahogar frustraciones sobre un saco de carne que ya ni gimoteaba al ser machacado.
Como odiaba a sus padres, me lo había confesado infinidad de veces, sin embargo cuanto mendigaba una prueba de afecto por ínfima que fuese por parte de ellos.
Cuantas veces soñó con escapar de casa, de alguna forma lo hacía cada vez que su mente y el tiempo se aliaban para ayudarla...Volar sin pasaje, sin dinero, destino, limitaciones. Dueña de su cuerpo, su mundo y sus decisiones…Sí, su mente la reportaba lejos.
No podía dejar de mirarla, allí frente a ella yo también quedé inmóvil esperando una respuesta. Ni una lagrima en su rostro, ¿sería porque ya no le quedaban?, tantas y tantas veces las había derramado… Cuantas veces le habían hecho sentir que era nada, menos que nada un trasto inútil…aunque trocitos de su ser le gritaban que no era cierto, que ella era grande, grande como el mar que alberga vida y tesoros en las profundidades, poderosa como el viento benevolente o fiero, dulce e enigmática como las estrellas en el cielo…
No sé cuántas horas transcurrieron, lo que puedo asegurar es que nadie vino a ver lo que había sido de ella.
Anochecía para mí, el tiempo se agotaba y aún no había recibido la llamada, ¿sería este el final? ¿Debía marcharme para siempre? ¿Dejarla sola?...
No veía el torrente de luz tan nombrado, ese túnel puente a otra existencia, la falta de su presencia me hizo cuestionarme mi pureza, ¿era indigna de tal grandeza?
Oí un penetrante silbido y un viento que me arrastraba absorbiéndome en un remolino, engulléndome. Esta vez la puerta estaba casi obstruida en su totalidad, apenas entraba por la rendija que quedaba. Sentí unos latidos tenues y me incruste como golpe de vida, regresaba sin duda a ella…no era tiempo para morir si no para resurgir del dolor más fuerte decidida y valiente que nunca.




NO OLVIDES


NO AL ABUSO DE MENORES
NO A LA PORNOGRAFIA INFANTIL
NO AL MALTRATO
NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
NO
AL RACISMO
NO A LA DESIGUALDAD
NO A LA GUERRA