Mente y Alma nos hemos unido de nuevo. Más, le siento rota, apaleada, más magullada que su escarnecido cuerpo. Acecha el peligro de perderse consumida por la ira.
Las heridas de la carne se curan pero la de la Mente; éstas no sanan hasta que nos fundimos definitivamente, y en la liberación nos desconchamos, pulverizando en cada capa los sufrimientos que nos enclaustraron, “soltamos lastre”, y al no sentir las barreras entre nosotras nos adentramos en la completa comprensión y aceptación de nuestra existencia, unidad; es el camino tras la muerte. Transmutación.
Pero, hay veces, en que la Mente herida oscurece fortaleciéndose y anulando la misión del Alma: la búsqueda de equilibrio, toma el relevo, el mando, entonces el cuerpo, como un tronco a la deriva, es preso de su completa voluntad. Domina sin cuestionarse moralidad; solo la que entiende como justa.
Y nacen villanos
En estos precisos momentos temo que se produzca éste incontrolable y devastador resultado, que la Mente que tanto ha sido reprimida y castigada se revele sedienta de venganza y ya nada pueda hacer para equilibrar la balanza.
Le siento forcejear, removerse cual lagartija que le cortasen el rabo, hierve como la fiebre que anuncia la Peste, se pervierte, se corrompe, y me repudia recluyéndome en el último suspiro humano.
La Mente corrompida pierde cualquier atisbo de misericordia, mata al Alma, a mí. Renace caníbal dispuesta a saciar sus oscuras necesidades…
Me siento como mariposa atrapada entre afilados alfileres, si me muevo lo más mínimo se desgarra mis alas se desmiembra mi cuerpo.
Estoy viendo, ¡sintiendo, nacer el villano y morir la inocencia!
Hoy nace un vampiro psíquico consecuencia del desaliento.
Ateneros a las consecuencias.








