La Dama de la Alondra.



o hay nada más seductor y exquisito para un hombre, que unos delicados labios color carmesí en el rostro frágil, suave y perlado de una mujer. Labios pequeños y bien definidos de color rojo que recuerde a una gota de vida; a la sangre cálida y dulce.

Las palabras de su abuela sonaron pausadas y comedidas mientras se pasaba el dedo índice por sus labios para darles color, las recordaba como si las acabara de escuchar a pesar de haber trascurrido muchos años.
Siguiendo los sabios consejos de su abuela, desde niña, solía empolvase la cara con polvos de arroz que su abuela misma le proporcionaba y, para no parecer una pequeña prostituta solo se pellizcaba los labios, como su abuela también le enseño, lo justo para dar un acentuado color con cuidado de no provocarse heridas ni magulladuras.
Fruto de una relación impía Kasumi fue arrebatada de los brazos de su madre para ser educada por sus abuelos maternos. Siempre se le apremió para que odiase a su madre, a la cual se le repudió por la culpa de su nacimiento.
Se le instruyó de una forma severa, fría, carente totalmente de afecto, haciendo que creciera sin necesidad de calor humano, enseñándole el arte de la complacencia que dominaba a la perfección.


La primera vez que probó la sangre fue su perdición, quizás porque ya estaba predestinada a depender de ella…

El día que todo cambió, fue un día sin nada excepcional, corría exhausta para evitar encontrarse cerrada la verja del colegio y al tropezar con una profesora, el alfiler de su falda, se abrió punzando en el muslo de ésta, Kasumi asustada por el incidente se agacho para desenganchar su alfiler y vio una mancha oscura formándose en la falda de la profesora. Elevó la vista y pronunció un respetuoso “lo siento” mientras sacaba de su bolsillo un pañuelo de seda para limpiar la sangre.
Le levantó la tela y quedó fascinada por el rojo reguero que bullía de la diminuta herida. Las aletas de su nariz se abrieron ansiosas de capturar aquel endulzado olor y se sonrojó avergonzada de las sensuales sensaciones que estaba experimentando. Si hubiese podido la hubiera lamido con gusto.
La profesora la disculpó y la animó a que entrase a clase.
Cuando recorría cabizbaja el estrecho patio, se dio cuenta que sus dedos estaban impregnado de sangre y en un instinto incontrolable se los llevó a la nariz para olisquearlos, después se untó los labios con ella. La punta de la lengua hizo el resto, delicadamente se paseo por las comisuras dejando que el sabor la embriagara como el más ardiente sake.
Fue objeto de miradas de sus compañeras, Kasumi pensó que probablemente se marcó la cara y sacó su polvera de nácar para mirarse, al contemplarse en el espejo vio un rostro resplandeciente y resaltado por el perfecto granate de su boca. Nunca se había visto tan hermosa.
Después de aquello cada día se practicaba nimias incisiones en las partes menos visibles de su pequeño cuerpo para repetir la experiencia, pero el efecto no era el mismo ofuscándola. No se atrevía a herir a nadie, pero sus deseos de sentir la desesperaban llevándola a fantasear con ríos
purpuras donde se bañaba.
Una mañana mientras peinaba a su prima Minako, hundió deliberadamente las púas de la peineta infringiéndole una incisión que rauda se apresuró a curar mientras se desvivía en disculpas. Al girarse para recoger el material para la cura chupó la peineta con desosiego.
Su abuela a los gritos de Minako corrió para averiguar lo sucedido, y observó en los ojos de Kasumi un brillo inusual; de placer.

No debieron castigarla…

Su abuela presa de la cólera parte porque Minako era su preferidita, parte, porque le estremeció la expresión de Kasumi, decidió mortificarla con un castigo ejemplar y cruel que alimentaría su odio y sembraría la semilla de la maldad en su ya truncado corazón.
Ella misma sin servirse de los sirvientes, la desnudó convirtiendo en girones sus prendas, la empapó en agua con sal gorda y la ató al sol boca arriba con la cara y el torso despejados.
Cuando el sol castigaba en lo más alto los gritos de Kasumi eran aterradores, su piel salpicada de ampollas se levantaba, ajada y arrugaba sucumbiéndola a un martirio aberrante.
El sol la cegaba aún con los ojos cerrados y apretados con fuerza. Sus lágrimas escocían su dañada piel, éstas se acabaron pronto.
Al atardecer ni la tardía brisa hizo presencia para darle descanso a Kasumi. Después de horas interminables de ceguera abrió los ojos dolorosamente al canturreo de la alondra, regalo de aniversario de boda a su abuelo por parte de su hijo mayor Takeshi.
La llamó con dificultad conjugando escasos silabeos, tantas veces la dio de comer en la palma de su mano que la alondra voló presta hasta ella. Las garras del pájaro desgarraban la piel de su pecho a su paso, atraída por los labios descarnados se acercó a picotearlos.

El intenso dolor arrancó sus últimas lágrimas que derramó en un mutismo inquietante. Cuando la alondra estuvo más confiada y deleitando su festín, abrió cuidadosamente la boca, sin espantarla, succionó su cabeza y la apretó entre los dientes, el brutal aleteo hizo que las alas reventaras ampollas de su rostro, pero no la soltó. Sació escuetamente su sed, volteo el cuerpo muerto del pájaro hacia a tras sobre su rostro y la sangre bajó con facilidad. Llenaba su boca y la escupía, y allí donde caían las gotas sentía un alivio inexplicable que calmaba su dolor.
Takeshi alertado por los comentarios de su hija Minako, socorrió a su sobrina entre los reproches de su madre. Le arrebató con furia el chal para cubrirla mientras esta gritaba con los restos de la alondra entre sus manos. Las tiras de cuero que mantenía atada a Kasumi sele habían incrustado en la piel, despellejándola al retirarlas a pesar del sumo cuidado de su tío.
Los hombres de honor no lloran, y no lo hizo. Miraba a Kasumi piadosamente preguntándose si su madre la torturaba por ser su nieta ya que no podía lesionar a su hermana.
-Si no la queréis ¡véndela!-. Gritó al depositar a su sobrina a los pies de su anciano padre.- Siento vergüenza, ellas es una mujer.-comentó mirando a su madre.- pero tú eres un hombre honorable, como has permitido esto.-descubrió a Kasumi.-Carne de tu carne. Se incorporó, dio media vuelta y se fue llevándose con él a Minako.
En sus treinta y cinco años de vida jamás habló Takeshi así a sus padres.
Durante más de un mes el padre no pronunció palabra, tiempo en que el odio de su mujer hacia la nieta fue creciendo de forma incalculable…


El principio del fin. El tarro de miel.

Dos inviernos habían trascurrido desde aquel castigo, desde entonces Kasumi no volvió a exponerse al sol, el trauma la marcó con tal fobia que su cuerpo reaccionaba violentamente al percibir cualquier rayo de luz, por muy tenue que fuese éste. Vagaba entre la oscuridad como una mendiga, solitaria, huraña, en una tristeza infinita sintiéndose culpable, un monstruo por devorar a la alondra…

Todos los años al finalizar el invierno, su abuelo emprendía un viaje a la feria anual de la comarca, en esas fechas que la casa quedaba sola sin hombres, su abuela aprovechaba para invitar a una amiga de la infancia, Yuri, famosa por saber consultar el oráculo.
Si había un manjar que le gustase más que nada a Yuri éste era la miel de la flor de azahar, extremadamente exquisita y costosa. Como ofrenda de bienvenida se le regalaba un tarro de esta miel, a cambio Yuri le consultaba el oráculo con sus inquietudes por el año que comenzaba.
Kasumi fue llamada para ayudar con el equipaje, Yuri río al ver que la joven iba forrada como una cebolla, sin dejar al descubierto ni los ojos que miraban detrás de unas rejillas, si los hubiese visto la risa se le habría cuajado de golpe ante una mirada tan agria.
Risas y más risas, burlas pueriles a las que se unieron las de su abuela. -¿Quién casaría a semejante saco? Ni la mejor dote conseguiría un marido.-insultó Yuri.
Kasumi arrastraba con dificultad el baúl de caoba, dirigió sus pensamientos lejos de su entorno moviéndose como un autómata medio roto en la dirección programada. Ya nada le importaba, nada valía y nada tenía de valor.

Al entrar en la alcoba de invitados las palabras desconsideradas de Yuri forzaron el final de Kasumi.

-¿Que pensáis hacer con ella? No vale ni como cortesana para kuruwa como su madre. ¡jajajajaja!
Al escuchar la injuria sobre su madre en boca de esa mentecata soltó con violencia el baúl de caoba haciendo temblar la delicada mesita de madera de sándalo sobre la que estaba situado el carísimo tarro de miel.
Ante la pasividad de Kasumi el tarro rodó precipitándose hacia el suelo sin que los brazos de las dos mujeres lo alcanzasen a tiempo.
De un duro golpe la derribó su abuela a la vez que agarraba la sabana que la cubría por la cabeza dejando al aire su temprano rostro marchito. Yuri, que arrodillada en el suelo juntaba los restos del tarro y saboreaba con lagrimas en los ojos la deliciosa miel gritó horrorizada al ver el envejecido rostro de Kasumi.
La chiquilla corrió humillada a refugiarse en un rincón del establo con los animales.
-Estoy avergonzada, ahora mismo mandaré a un sirviente a que te traiga no uno, si no dos tarros de mil de azahar.- Yuri torció el gesto pero se sentía satisfecha su botín sería mayor, le tendió la mano para que le ayudase a incorporarse y respondió con cándida voz…
-No debes de agraviarte, ya sabes que yo acepto tu invitación por el aprecio que nos tenemos y no por un tarro de miel. ¿Por qué no nos acomodamos y consultamos el oráculo para dejar ya en el olvido este penoso momento?
Se sentaron en unos cojines al rededor de una baja y rectangular mesita. Yuri le pidió a la sirvienta que limpiaba el suelo, que le acercase una caja verde guardada dentro del baúl, y una vez retirado los sirvientes comenzó el ritual.
Tras una sutil nube de incienso de flor de loto y posando sus palmas sobre la efigie de bronce invocó a los difuntos.-Ahora es el momento, ¿qué quieres saber?
Tras varias consultas Yuri vio el momento de su venganza….
-¿Y no preguntas por Kasumi, a caso no quieres saber lo que los difuntos dicen sobre ella? …Si tú no lo preguntas no te daré la respuesta.
Los ojos de la abuela se abrieron de par en par, rabiaba de curiosidad por saberlo, ella no se había atrevido a preguntar, se justificaba en que no quería malgastar una pregunta en su destino, ¿o era temor a lo que ella había malogrado?…., pero si los difuntos querían hablar quien era ella para impedírselo.- ¡Adelante!, ¿qué me quieren decir?
Yuri reía maliciosamente por dentro, sabía manipular a su antojo, y ahora ver sufrir a Kasumi sería el mejor de los placeres.-Derramar mi apreciada miel.-pensó.- Los difuntos te advierten, debes de exorcizar a esa criatura… si no quieres que el demonio que lleva dentro os traiga una terrible desgracia que os hará sucumbir a todos sin excepción. Es lo que me dicen.
Temblorosa y boquiabierta pregunto -¿Qué debo hacer?
-Aspiró la nube de incienso y la expulsó levemente por la nariz.- Debes encerrarla durante veintiocho días sin abrigo alguno, ni agua, ni comida, en una tinaja. Cada siete días la alimentaras para que no muera con un mendrugo y agua. Ni gritos ni lamento interrumpirán el proceso para sanar su alma.
Dicho y hecho, atada de pies y manos Kasumi fue introducida en una tinaja destinada a recoger el agua de lluvia. Dos metros por encima de su cabeza se hallaba la salida, una salida imposible de alcanzar.
Ni el primer día, ni el segundo, ni el terceo, así hasta veintiuno, Kasumi ni gritó, ni lloró, los gusanos e insectos se la comían viva revuelta entre sus heces, el moho del fondo trepaba por sus piernas, espalda y brazos. Las noches aún eran heladas y dolorosas para sus quebradizos huesos, y ella ante tanto sufrimiento solo pedía que la compadeciera la muerte.
Pero al veintiún días, algo despertó en su interior, quizás fue al escuchar la cantarina voz de Minako, ¿ella le salvó una vez, sería su salvadora de nuevo?
Gritó, gimoteó con su último aliento, golpeó las paredes con sus huesudas manos y consiguió atraer la atención de su prima. Esta se acercó a la tinaja y preguntó- ¿Quien anda ahí?- aporreando la pared.
Con un hilo de voz que resonó como de ultratumba respondió- ¡Prima!
Apoyo la escalera de los arreglos del jardín, subió y quitó la tapa de madera de la tinaja, el hedor la asqueó rompiendo su equilibro, obligándola a agarrarse fuertemente al borde al desplomarse la escalera.
-¡Ven alondra, calma mi sed!
-¿Que dices Kasumi, en verdad eres tú? Voy a pedir ayuda, se cayó la escalera.- pero antes de que Minako gritase, ya tenía la dentada de Kasumi en su frágil cuello.
Sin soltar su presa voló despacio hacia el fondo derramando la sangre de su angelical prima. Sin soltar el bocado, una vez en el suelo se revolcó junto con su cuerpo inerte, Sentía el calor de la vida recorrer su ser volver a ella.- ¡Mi dulce alondra viniste de nuevo a salvarme!

Ya era tarde cuando las encontraron…a Minako la enterraron en el panteón familiar a Kasumi a las afueras en un fosa común….


…Yuri bordaba cuando escuchó el delicado canto de una alondra, movida por la curiosidad se asomo por la ventana del segundo piso, allí donde le pareció que provenía el canturreo.
-Preciosa alondra toma estos frutos de granada. La alondra se poso en su mano, Yuri se sorprendió por su docilidad.
El pico de la alondra se convirtieron en unos labios, pequeños, perfectos de color carmesí. No salía de su asombro, la boca mordió su palma a la vez que evolucionaba hasta convertirse en una hermosa mujer. Al mirarla reconoció quien podría ser Kasumi…
-Los difuntos me mandan, jugaste en su nombre y ahora me piden que te devore para que no se vuelva a repetir….


Corre la leyenda que tras veintiún días de terminar el invierno se escucha el canto cautivador de una alondra y aquel que le da cobijo lo hace con su propia vida….

-Eso es lo que dice la leyenda, el caso es, que para mí, todos los días son veintiuno después del invierno…-Pensó Kasumi mientras se untaba los labios con la sangre de su reciente víctima…






Esta obra está bajo una licencia Creative Commons.


2 comentarios:

Luxuria dijo...

Ya leí esta historia como me aconsejaste.

Uff que me has hecho sufrir jeje, pobre Kasumi.

Cuando devora a la alondra me quedé oO y la útima frase me encanta.

Si vas a leerme tómatelo con calma jeje de hecho no sé si te va a gustar, es algo lenta y me he dado cuenta de que el principio podía estar mejor escrito jeje. Si la lees encantada de saber tu opinión sincera^^

Escribes muy bien, se te dan bien las escenas desagradables

Silvia dijo...

Woohh!!! He venido a leerla por la mención del premio... y verdaderamente, es impresionante.
Creo que consigues la atención al detalle...
Besos y desde luego, creo que merece publicación.

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